| Yo soy la Resurrección y la Vida |
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| Escrito por Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin |
| Viernes 30 de Enero de 2009 02:21 |
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Yo soy la resurrección y la vida Juan 11: 25 Al contemplar a Jesucristo definiéndose a sí mismo como la resurrección y la vida podemos centrarnos tanto en la temática de Jesucristo como único y suficiente señor, mediador y salvador; como así también intentar dilucidar algunos de los aspectos que tienen que ver con la temática de la resurrección de la carne tan presente en nuestras confesiones. Yo soy la resurrección y la vida Juan 11: 25 Al contemplar a Jesucristo definiéndose a sí mismo como la resurrección y la vida podemos centrarnos tanto en la temática de Jesucristo como único y suficiente señor, mediador y salvador; como así también intentar dilucidar algunos de los aspectos que tienen que ver con la temática de la resurrección de la carne tan presente en nuestras confesiones. Nos dedicaremos hoy al segundo tema pues al haber analizado los otros "yo soy" de Jesús ya hemos explorado lo relacionado a Jesucristo como fuente de salvación eterna. Hoy nos centraremos entonces en la resurrección ya que como dice Calvino (II, 783 y siguientes) "no podemos gozar de ningún beneficio de Cristo, si no levantamos nuestra mente a la resurrección". Y es que "la esperanza de la resurrección final y de la gloria celeste nos ayuda a llevar la cruz" y a obrar consecuentemente. Ya que si bien "los requisitos de nuestra redención ya han sido satisfechos" al haber recibido las primicias del Espíritu sentimos "rubor de permanecer en nuestra corrupción". Uno de los problemas que nos enfrentamos al hablar de nuestra resurrección es explicar cómo es posible que se realice la resurrección de los cuerpos luego de su descomposición. La resurrección de la carne es una cosa que el pensamiento humano no logra comprender. Sin embargo la Biblia nos ayuda a entenderlo de dos maneras: mediante la semejanza con Jesucristo; y mediante la omnipotencia de Dios. En cuanto a la semejanza entendemos que nosotros resucitaremos pues creemos en la resurrección de Jesucristo, no hacerlo implicaría que todo el Evangelio es una mentira (1ª Cor. 15:13-14). Jesús no se sometió a la muerte para beneficio personal, sino para que lo que comenzó en la Cabeza se cumpla en todos los miembros del cuerpo. Él nos hace participes de su misma virtud (Col 3:4) y nos asegura un nuevo cuerpo (Fil 3:21). La resurrección del cuerpo es confirmada por el testimonio profético. Is. 26: 19 reconoce que Dios tiene poder para dar vida a los moradores del polvo. También Job 19:25 confía en el poder de Dios de resucitar. Otra afirmación profética es la de Ezequiel 37:1-10 en la visión del campo de huesos secos. Y la más impactante y confiable de todas es la que anuncia Jesús mismo en Juan 5:28-29. Doctrinas que confunden: Los saduceos planteaban que el que no existe resurrección alguna e incluso que las almas son mortales Mc. 12:18, Lc. 20:27, Hch. 23:8 Los quiliastas y milenaristas fundamentados en Ap 20:4 afirmaban que el reino de Cristo duraría mil años en contra de textos que afirman que no tendrá fin ni la felicidad de los elegidos ni la condenación y tormentos de los réprobos (Mt 25: 41,46). Quienes dicen que alma y cuerpo resucitarán a la vez se confunden ya que su afirmación implica que todo el hombre perece al morir. Otros, entre ellos los maniqueos, al entender que las almas son eternas y serán dotadas de nuevos cuerpos caen en el error de ir contra la resurrección de la carne. Ellos se fundamentaban en que no es razonable que la carne que es inmunda resucite, desconociendo el poder de Dios de limpiar lo manchado por el pecado. Por ultimo tenemos que tener en cuenta que como dice Calvino querer saber más (a dónde van las almas mientras esperan la venida de Cristo y cuál es su estado) es asunto temerario. Debemos darnos por satisfechos sabiendo que Dios nos ha hecho saber que las almas de los justos al concluir esta vida mortal van a un "descanso bienaventurado donde con gran alegría esperan gozar la gloria que se les ha prometido, y que de esta manera todo queda en suspenso hasta que Jesucristo aparezca como Redentor". Por esto debemos estar pendientes de la venida de Cristo que nos difiere la corona de la gloria hasta ese momento. El modo en que resucitaremos en parte es un misterio (1ª Cor. 15:51) pero sabemos sin embargo que resucitaremos en con la misma carne que ahora tenemos en cuanto a sustancia pero no en cuanto a calidad. Además los muertos resucitarán mientras que los vivos serán transformados. (1ª Cor. 15: 51). No obstante todo lo dicho, si aún quedarán preguntas debemos saber que los profetas no pudiendo explicar con palabras la espiritual bienaventuranza de 1ª Jn. 3:2 "la han descrito y como pintado bajo figuras corporales". Es decir que la realidad indescriptible de la resurrección ha sido transmitida de manera limitada. La conclusión final entonces es que ciertamente Jesucristo es la resurrección y la vida como se nos revela en Jn 11: 25 y por consiguiente en él radica nuestra resurrección y nuestra vida. A Él pertenecemos y confiamos que la resurrección y vida venidera será más bella aún que lo podemos imaginar. |



