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Critica a la Globalizazión Neoliberal PDF Imprimir Correo electrónico
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Escrito por Pablo RIchard   
Viernes 30 de Enero de 2009 02:30

Crítica teológica a la globalización neoliberal

Pablo Richard

1. La dimensión cultural, ética y espiritual en el sistema de globalización

La humanidad, y la Iglesia que opta por la vida, no tiene el poder para construir una alternativa al sistema de globalización, pero sí tiene la fuerza para construir una alternativa al espíritu del sistema. La Iglesia vive en el sistema, sin embargo rechaza el espíritu, la lógica, la racionalidad del sistema. No se puede ver fuera del sistema, pues la globalización lo integra todo, pero sí podemos vivir en contra del espíritu del sistema. El sistema de globalización no es sólo lo que se ve y se toca. También existe dentro del sistema económico y político una dimensión cultural, ética y espiritual. Muchas veces estudiamos la globalización sólo desde el punto de vista empírico de la economía o de la política. La realidad cultural, ética y espiritual es normalmente tema ausente en la economía. Esta reducción empírica de la ciencia económica nos impide profundizar en el análisis de las realidades y sistemas económicos. Un análisis de la racionaldad, de la lógica o del espíritu del sistema, nos revela lo que es más real y verdadero de los propios sistemas económicos.
Crítica teológica a la globalización neoliberal

 

Publicado En Revista Pasos Nro.: 71-Segunda Época 1997: Mayo - Junio
Por: Pablo Richard

1. La dimensión cultural, ética y espiritual en el sistema de globalización

La humanidad, y la Iglesia que opta por la vida, no tiene el poder para construir una alternativa al sistema de globalización, pero sí tiene la fuerza para construir una alternativa al espíritu del sistema. La Iglesia vive en el sistema, sin embargo rechaza el espíritu, la lógica, la racionalidad del sistema. No se puede ver fuera del sistema, pues la globalización lo integra todo, pero sí podemos vivir en contra del espíritu del sistema. El sistema de globalización no es sólo lo que se ve y se toca. También existe dentro del sistema económico y político una dimensión cultural, ética y espiritual. Muchas veces estudiamos la globalización sólo desde el punto de vista empírico de la economía o de la política. La realidad cultural, ética y espiritual es normalmente tema ausente en la economía. Esta reducción empírica de la ciencia económica nos impide profundizar en el análisis de las realidades y sistemas económicos. Un análisis de la racionaldad, de la lógica o del espíritu del sistema, nos revela lo que es más real y verdadero de los propios sistemas económicos.

La globalización, en la medida que es excluyente de las mayorías y destructora de la naturaleza, en esa medida tiene una cultura, una ética y una espiritualidad más de muerte que de vida. La Iglesia, que defiende la vida de los excluidos y que no tiene el espíritu del sistema de globalización, puede construir dentro del sistema una resistencia cultural, ética y espiritual al mismo sistema de globalización. La Iglesia que opta por la vida de los excluidos y de la naturaleza puede construir una cultura de vida, contra la cultura de muerte del sistema. Una ética de la vida contra la ética de muerte del sistema; una ética del ser, contra una ética del tener; una ética de solidaridad y justicia, y no una ética fundada apenas en los valores de eficiencia y competitividad del mercado; una ética donde la vida es absoluta, por encima de la ley. La Iglesia, finalmente, vive la espiritualidad del Dios de la vida contra la idolatría de muerte del sistema de globalización. El mercado, la ciencia y la tecnología, que en sí mismos son cosas positivas, se idolatrizan cuando se absolutizan y se presentan como sujetos, dioses o Mesías, que salvarían a la humanidad de todos los males, incluso de la muerte. El sistema de globalización en estas condiciones ya no es una globalización auténtica de la vida de la humanidad, sino una globalización de la cultura, la ética y la espiritualidad idolátricas de la muerte.

2. Discernimiento profético y bíblico de la globalización

2.1. Evangelio y cartas de Juan
Quisiera ahora discernir, clarificar e interpretar lo anterior, con algunos textos bíblicos que me parecen especialmente pertinentes. En la tradición del 4° Evangelio y las cartas de Juan, se describe la situación del creyente como alguien que está en el mundo, pero que no es del mundo. El "mundo” en esta tradición bíblica, es una determinada organización de la sociedad totalmente cerrada a la acción de Dios y dominada por las fuerzas del mal:

Todo lo que hay en el mundo —la tendencia a la muerte, la codicia y la jactancia de la riqueza—, no viene del Padre, sino del mundo (1 Jn. 2,16).

Los cristianos están en este mundo, no huyen del mundo, sin embargo viven en el mundo con un espíritu contrario al espíritu de este mundo. Jesús les dice a sus discípulos que Dios les ha dado a ellos

...el Espíritu de la Verdad que el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero ustedes lo conocen, porque mora con ustedes y en ustedes está (Jn. 14,17).

Y en otro lugar:

Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo como yo no soy del mundo. No te pido que los saques del mundo sino que los guardes del mal. Ellos no son del mundo como yo no soy del mundo (Jn. 17,14-16).

Nuestro desafío en la actualidad es también vivir en este mundo sin ser del mundo. Vivimos dentro de un sistema de mercado total, cuya globalización es tan absoluta, que no es posible huir o vivir fuera de él, no obstante sí es posible vivir en contra de la racionalidad o espiritualidad que lo hace vivir. El sistema solamente conoce el espíritu absoluto de la competitividad y de la eficiencia, el espíritu idolátrico que transforma las mercancías , el dinero, el capital y el mercado en sujetos absolutos y a las personas las transforma en objetos intercambiables en el mercado.


2.2. Efesios 6,10-20
Hay dos textos bíblicos, de carácter apocalíptico de finales del siglo primero, que pueden ayudamos a definir la resistencia de la comunidad cristiana en un sistema globalmente pervertido. El primer texto dice así:

...háganse fuertes en el Señor, en la fuerza de su poder. Utilicen todas las armas de Dios y así podrán resistir con éxito las estratagemas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra las potencias invisibles que dominan en este mundo de tinieblas y contra las fuerzas sobrenaturales del mal (Ef. 6,10-12).

La resistencia de los cristianos no es contra tal o cual institución o persona, sino contra los poderes (en el texto original: Principados, Potestades, Dominaciones) que controlan este mundo, y sobre todo, contra las fuerzas sobrenaturales del mal que están por detrás de estos poderes y estructuras opresoras. Es una resistencia fudamentalmente espiritual, contra los poderes invisibles y sobrenaturales del mal dentro del sistema. El mismo texto continúa recomendando las armas que deben usarse en este combate: la verdad, la justicia, la paz, la fe, la oración y vigilancia permanente, y de modo especial "la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios" (Ef. 6,13-20).

2.3. 2 Tes. 2,1-12
El otro texto apocalíptico lo tenemos en 2 Tes. 2,1-12. Este es posiblemente un texto de finales del siglo primero, escrito por un discípulo de Pablo. El autor busca calmar los ánimos de la comunidad de Tesalónica en lo referente a la segunda venida de Cristo Dice el autor que nada les debe hacer suponer que esté inminente el día del Señor, pues antes de la venida de Cristo tendrían que darse dos posibles situaciones: una situación podría ser la apostasía y ¡a revelación del "anti-cristo"; la otra situación podría ser la resistencia de la comunidad cristiana para detener el "anti-cristo" Lo esencial del texto dice así:

...(antes de la segunda venida de Cristo) tiene primero que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de la perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de cultor hasta el extremo de sentarse él mismo en el santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. Ustedes saben qué es lo que ahora le detiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le detiene, entonces se manifestará el impío, cuya venida está señalada por el influjo de Satanás, con toda clasede milagros, señales, prodigios engañosos y todo tipo de maldades, que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor a la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios le envía el poder del error que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos los que no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad (2 Tes 2,3-12)

En este texto no se menciona la palabra "anti-cristo, no obstante se le identifica con los términos el Hombre impío, el Hijo de la perdición, el Adversario que se exalta por encima de Dios y de todo lo divino. La apostasía que debe darse antes de la venida del anti-cristo es una posibilidad, pero el texto propone otra alternativa llena de esperanza. En vez de la apostasía es posible detener o impedir que actúe el anti-cristo. El misterio de la iniquidad ya está actuando sin embargo es posible detenerlo. El autor de la carta se dirige dos veces a la comunidad de Tesalónica para recordarles qué es lo que detiene el anti -cristo "Ustedes saben lo que ahora lo detiene" (tó katejon, v.6), y luego dice "el que ahora lo detiene" (ho kate¡on. v. 7). Se usa el participio presente, una vez con el pronombre neutro y otra con el pronombre personal. El cambio de pronombre no tiene mucha importancia, simplemente se trata de la personificación de una realidad objetiva y comunitaria más general. Lo importante es interpretar el contenido del katéjon = el que detiene al anti-cristo El texto no lo dice de manera explícita, si bien el contexto permite deducir quién es este katéjon. El mismo texto dice que la venida del impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos y todo tipo de maldades. Toda esta demostración satánica de poder va a seducir a los que no tienen el amor de la verdad: los que creen en la mentira, los que no creen en la verdad y se complacen en la iniquidad (vv. 9-12). Esta descripción negativa de los que sucumben al anticristo nos permite deducir en positivo quién es el que lo detiene: justamente el que tiene amor de la verdad; el que no cree en la mentira, el que cree en la verdad y no se complace en la iniquidad. Esta práctica de la verdad y de la Justicia es lo que detiene al anti-cristo, es la alternativa a la apostasía que podría preceder la llegada del anti-cristo, si no hay nadie que lo detenga. La práctica de la verdad y de la justicia es lo que permite detener el misterio de la iniquidad.

Este texto de 2 Tes. 2,1-12 nos permite hacer un discernimiento profetice y teológico de nuestra situación actual en el sistema de economía de libre mercado. La idolatría del mercado es hoy ese misterio de la iniquidad que ya está actuando en el mundo. Este misterio de la iniquidad actúa también hoy por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos y todo tipo maldades. La idolatría del mercado es esa fuerza del error que nos hace creer en la mentira y no creer en la verdad. Frente a este misterio de la iniquidad, hay dos posibilidades: la apostasía o la práctica de la verdad, que puede detener el misterio de la iniquidad. La apostasía es la claudicación total a la idolatría del mercado, es lo que busca la ideología neo-liberal y los medios de comunicación al servicio del mercado. La otra posibilidad es la práctica de la verdad, lo que realmente detiene (katéjon) al misterio de la iniquidad. El texto bíblico abre esta alternativa positiva a la apostasía total; abre la posibilidad histórica de una práctica de resistencia: es posible detener el anti-cristo, el misterio de la iniquidad. Los que lo detienen son hoy todos los que defienden la vida, los que hacen de la vida humana y cósmica un criterio absoluto de verdad por encima de las instituciones y la ley, los que buscan construir una sociedad donde quepan todos y todas. El que detiene el misterio de la iniquidad es también la comunidad cristiana que sigue el mismo criterio de verdad, la Iglesia que resiste la idolatría del mercado y que cree en el Dios de la vida. El katéjon que detiene el anti-cristo es también la Teología de la Liberación como teología de la vida, como teología crítica de la idolatría del mercado y como teología creyente en el Dios de la vida. El katéjon es la fuerza del Espíritu, de la Palabra y de la Teología que se opone a la idolatría y al misterio de la iniquidad. El katéjon es lo que impide la apostasía total de la humanidad ante la idolatría del mercado, la claudicación total de la humanidad ante el misterio de la iniquidad.

3. Opciones pastorales y líneas de acción

3.1. Construcción de fundamentos
Vivimos un tiempo de transición y de cambio de época. Murieron las utopías y esperanzas del pasado y aún no nacen las alternativas del siglo XXI Un período como éste, no es un tiempo de pasividad v de simple espera, mucho menos de confusión y desesperanza. Como dice un dicho popular: "Más vale encender una luz que maldecir las tinieblas" Este tiempo de transición no es ciertamente un tiempo de multitudes, éxitos y triunfos, sino un tiempo profundo y creativo de construcción de fundamentos. donde lo cualitativo pesa más que lo cuantitativo. Hoy privilegiamos la formación de personas y comunidades, que en un futuro próximo puedan ser sujetos creadores de espacios de vida, que nos permitan a mediano plazo definir nuevas alternativas, esperanzas y utopías. Quizás no exista todavía el sistema alternativo a la estructura actual de mercado total, pero podemos ya ir creando los conceptos y la racionalidad que nos permita pensar alternativas y orientar nuestra práctica a las construcción de dichas alternativas.
Es importante reconstruir la esperanza y reformular las utopías.

Quizás esto no signifique todavía históricamente un camino o una estrategia concreta, sin embargo sí puede dar sentido y orientación ya, en el momento presente, a nuestro pensamiento y acción. La función de la utopía no es formular un modelo concreto de vida, sino imprimir una orientación a toda nuestra vida que nos lleve con certeza a la construcción de dicho proyecto de vida. En síntesis: este tiempo de transición que vivirnos es un tiempo privilegiado de creatividad teórica, ética v espiritual, que nos permite orientar la historia en el corto plazo hacia una sociedad donde quepan todos y todas. En el ámbito de la Iglesia, es un período privilegiado para multiplicar al máximo la fuerza del Espíritu, de la Palabra y de la Teología al servicio de la vida de todos y todas. Es esta acumulación de fuerza teórica, ética v espiritual, construida dentro de los espacios de vida, la que nos permitirá en un futuro próximo poder construir alternativas de vida para las grandes mayorías hoy excluidas por el sistema de globalización y para el cosmos también dañado por la violencia destructora del nuevo orden internacional

3.2. Un nuevo espacio para la esperanza
Es importante preguntarse por dónde pasa hoy la esperanza del pueblo pobre y excluido. En el pasado la esperanza pasaba en gran medida por la sociedad política, por la toma del poder en función de una transformación radical y global del sistema. Hoy, ese espacio político es cada día más reducido y llega a ser un espacio imposible, irrelevante, e incluso corrupto. Hoy, la economía internacional tiende a determinarlo todo, dejando muy poco espacio a las determinaciones locales y nacionales. La políticas nacionales se hacen irrelevantes frente al macro-determinismo económico del mercado total y de la globalización. La lucha por el poder ha sido acaparada por los clanes económicos que se disputan ese poder para sus propios intereses. La conquista del poder ya no es el resultado del libre ejercicio de la política, sino asunto de dinero y de mercadeo. La consecuencia es la corrupción de las clases políticas dominantes y, finalmente, la corrupción de la política misma. Quedan aún algunos espacios políticos locales, donde la conquista del poder puede ser todavía significativa. No obstante, la política global en cada país sigue un proceso creciente de pérdida de todo significado y relevancia y de masiva corrupción.

En este contexto, la esperanza se desplaza desde la política hacia la sociedad civil. Ya no se trata de tomar el poder, sino de construir un nuevo poder desde abajo, desde la base, desde las comunidades y movimientos sociales. En este terreno irrumpen nuevos actores sociales y una nueva conciencia, donde no sólo se da la dimensión política de clase social, sino también, y de forma determinante, la dimensión de género, raza, cultura, generación (jóvenes) y naturaleza (ecología).

Igualmente, adquieren relevancia dimensiones olvidadas de la subjetividad, la corporeidad, la cotidianidad, de lo lúdico, lo festivo y lo gratuito, y toda la dimensión ética, espiritual y trascendente del ser humano.

La Iglesia en América Latina también vive este desplazamiento desde la sociedad política hacia la sociedad civil. Hay un distanciamiento positivo de la Iglesia jerárquica del poder político, justamente porque este poder se vuelve irrelevante y corrupto. La Iglesia está re-encontrando su lugar en la sociedad civil, que es el campo propio y natural de la Iglesia. Los sectores oprimidos y excluidos por la globalización encuentran en una Iglesia que opta por la vida de todos, un espacio significativo y a veces imprescindible de participación y de vida. Esto exige a la Iglesia un desarrollo mayor de las comunidades de base y de movimientos espirituales dentro de los diferentes movimientos sociales. El mismo desarrollo histórico le exige a la Iglesia un modelo de Iglesia Pueblo de Dios, comunión de comunidades y movimientos.

3.3. La Iglesia, entre la inculturación y la globalización
Desde los inicios de la colonización surgió el imperativo de la inculturación. Muchos misioneros, como también algunos indígenas, opusieron la inculturación a la colonización. La inculturación se identificó con la defensa de la vida, en especial la vida amenazada de los indígenas y de la naturaleza. La inculturación no sólo defendió la vida humana y cósmica, sino que afirmó la presencia del Espíritu justamente ahí donde la colonización lo negaba: en el indio, en el negro, en la mujer, en el cuerpo y en la naturaleza. La inculturación, en contra de la colonización en el pasado y de la globalización neoliberal en el presente, no es contraria a la universalidad de la humanidad y a la catolicidad del cristianismo. Dice con acierto Pablo Suess:

La globalización en las diferentes esferas sociales amenaza las identidades locales y culturales. La propuesta de inculturación es fortalecer estas identidades amenazadas y articularlas. Inculturación no significa refugiarse en la microestructura étnica y social sino construir la universalidad a partir de pequeñas unidades fortalecidas en su identidad y capaces de articularse entre si en un horizonte que permita transformaciones globales .

La conquista colonial y la globalización moderna del mercado, por su carácter excluyente y destructor de la vida, son contrarias a la universalidad y a la catolicidad. Solamente la defensa de la vida, del espíritu y de las culturas de los pueblos excluidos tiene una dimensión de universalidad y catolicidad. Los pueblos oprimidos reclaman universalidad y necesitan de la catolicidad que les ofrece el cristianismo.

La Iglesia tiene que elegir entre la inculturación y la globalización. Desde el Tercer Mundo necesitamos una Iglesia católica, no una Iglesia global. Si el cristianismo llegó al Tercer Mundo por el camino de la expansión del colonialismo europeo, el cristianismo únicamente puede recuperar su credibilidad por el camino de la inculturación. Si la globalización oprime al Sur, la inculturación juzga al Norte. La inculturación del Evangelio o evangelización inculturada es el gran tribunal de la historia donde el Occidente es sometido a juicio. En este juicio la Iglesia debe ser la defensora de la vida y de las culturas de los pueblos en contra de la globalización.
La inculturación fue desde los inicios, no una exigencia para las culturas, sino para la Iglesia. La inculturación exige a la Iglesia romper con los paradigmas propios de la dominación colonial y de la globalización neo-liberal. La inculturación es posible si la Iglesia rompe con el eurocentrismo, el autoritarismo, el patriarcalismo y los espiritualismos destructores de la naturaleza y del cuerpo, lo que implica también, en sus propias estructuras, una des-clericalización y des-centralización. Si la Iglesia responde a estos desafíos de la inculturación será verdaderamente una Iglesia universal y católica, significativa para los pueblos del Tercer Mundo.

Notas:
Artículo inédito. Será publicado este ano en Costa Rica en la revista Senderos, del Instituto Teológico de América Central (1TAC)