| Carpeta para Ancianos y Diáconos |
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| Escrito por Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin | |
| Viernes 30 de Enero de 2009 15:21 | |
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La Carpeta para Ancianos y Diáconos te ofrece un sencillo pero profundo aporte que colaborará en tu capacitación para el desempeño de oficios dentro de la Iglesia Presbiteriana (USA) en Levittown. Los materiales que te presentamos te ayudarán a profundizar la descripción de las funciones principales de Diáconos, Diaconisas, Ancianos y Ancianas Aquí encontrartas parte de la Carpeta para Ancianos/as y Diáconos/isas de la
Iglesia Presbiteriana (USA) en Levittown
Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduín
Urb. Levittown, 6ta Sec. Calle Palés Matos Esq. Ave. De Diego P O Box 50341, Levittown, Toa Baja P.R. 00950 Tel. (787) 795-3795
ESTIMADO ANCIANO, ANCIANA, DIÁCONO, DIACONISA
La Carpeta para Ancianos y Diáconos te ofrece un sencillo pero profundo aporte que colaborará en tu capacitación para el desempeño de tu oficio dentro de la Iglesia Presbiteriana (USA) en Levittown. Los materiales que te presentamos te ayudarán a profundizar la descripción de las funciones principales que, con la ayuda de Dios realizarás, y te ayudarán a comprender lo que significan e implican los oficios de Diácono/isa y de Anciano/a para tu vida y para la comunidad de fe en la que sirves al Señor.
Este material ciertamente deberás complementarlo con:
· una sistemática lectura de la Palabra de Dios, · una consistente participación de las actividades de la Iglesia, · una exhaustiva lectura del Libro de Orden, · una profunda lectura a conciencia del Libro de Confesiones.
El material contenido en esta carpeta incluye: - “Ser Ancianos/as... Desafío y Compromiso”, Rvdo. Jorge D. Zijlstra. - “Diáconos/isas... Sus Responsabilidades”, Rvdo. Jorge D. Zijlstra. - Libro de Orden G-6.0300 (y siguientes) sobre los Ancianos. - Libro de Orden G- 6.0400 (y siguientes) sobre los Diáconos. - “Ancianos y Diáconos”. Iglesia Presbiteriana (EUA) - “Buscando ser fieles juntos: normas para presbiterianos durante tiempos de desacuerdos” Asamblea General PCUSA, 1992 - “De los Doctores y Ministros de la Iglesia, su elección y oficio” Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana Libro IV, Capítulo III.
Espero que el material te sea de provecho, que lo leas completo y que, si tienen dudas o sugerencias, las hagan saber a tu Pastor para ir mejorando este aporte en vistas a los futuros hermanos y hermanas que se han de abocar a tan importantes tareas.
Se que Dios te estará acompañando en tus tareas, te dará fuerza, te sostendrá, orientará y colmará de bendiciones en la bella tarea que tienes por delante. Fraternalmente,
Rvdo. Jorge D. Zijlstra
1-La Tarea del/la Anciano:
Cuando el apóstol Pablo se despidió por última vez de los Ancianos de la comunidad de Efeso les dijo “Estén atentos y cuiden de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores para que cuiden de la Iglesia de Dios”(Hechos 20:28) (Téngase en cuenta que los oficios en la Iglesia primitiva no eran literalmente iguales a como hoy los conocemos, igualmente el texto es sumamente pertinente). De este pasaje surgen dos o tres reflexiones importantes:
· La tarea es estar atentos (a lo que sucede dentro y fuera de la Iglesia) y cuidar (de los hermanos/as en la fe y de toda criatura creada por Dios). Estar atentos implica mirar las cosas con agudeza y reflexión, no dejar pasar por alto cosas que quizás otros no aprecian. Y cuidar significa que se hará todo lo posible por que la vida en su conjunto de la otra persona no sea puesta en peligro (por falsas doctrinas o creencias, por situaciones de injusticia, por un dolor demasiado profundo y difícil de solucionar solos, por disputas con otros, etc.).
· Esta tarea nos toca no sólo por voluntad propia (nos gusta ser Ancianos/as) o ajena (la congregación lo decidió) sino especialmente por que a esto hemos sido invitados por Dios por medio de su Espíritu Santo. Saber esto es importante porque, por un lado, nos deja en claro que no estaremos solos en el desempeño de la tarea y, por otra parte, porque nos ayuda a mantener siempre presente que lo que hagamos o digamos en el desempeño del oficio de ancianos/as debe tener un peso mucho mayor que el de una impresión individual o personal. Deberemos, entonces, estar atentos a lo que Dios, que nos llamó a esta tarea, espera de nosotros.
· La tarea encomendada a los Ancianos/as de la Iglesia por el poder del Espíritu de Dios es la de ser pastores. Esto puede dar a confusión por lo que debemos aclarar aunque más adelante profundizaremos sobre esto que dentro de la Iglesia reconocemos (además de los múltiples ministerios del sacerdocio universal de los creyentes) los oficios particulares del/la Diácono, el/la Anciano y el Pastor. Todos son diferentes en cuanto a responsabilidades pero iguales en cuanto a “jerarquía” (usamos esta palabra a falta de alguna mas clara para decir que: al ser llamados por el mismo Dios el trabajo y la responsabilidad son Igual de importantes en cada caso. El problema de hablar de jerarquías dentro de la comunidad de fe es que en Cristo todos somos uno y ya no hay jerarquías no hay ni judío ni griego, ni amo ni esclavo, ni varón ni mujer, etc.). A pesar de esto las tareas del/la Anciano y el Pastor aunque con una capacitación diferente y una vocación y responsabilidad también distinta sus tareas específicas son las mismas y entonces, por ejemplo, un Pastor es Anciano y un Anciano aunque no es Pastor tiene -en parte- las mismas tareas que desempeñar (atender, cuidar, visitar, exhortar, anunciar, etc.)
· Todo lo anteriormente dicho se enmarca dentro de una comunidad que intenta ser Iglesia de Dios en un contexto determinado. Esto es importante notarlo porque lo que hagamos como Ancianos/as debe tender al crecimiento, la construcción y la maduración de esta Iglesia y de su testimonio en el mundo. Obrar para destrucción o para prestigio personal no es la tarea, sino obrar para la vida de la comunidad de la que somos parte. Esto no obstante en algunas circunstancias implica la necesidad de tener que actuar en medio de conflictos o signos de muerte de forma madura y clara.
Especialmente en vista a los puntos anteriores es bueno remarcar que siendo que el/la Anciano atiende y cuida de la Iglesia y lo hace en respuesta a un llamado de Jesús (Señor de la Iglesia) de quien le viene su “autoridad”: primero y necesariamente debe ponerse a sí mismo bajo la guía y la autoridad del Señor. Solo mediante la entrega a Él se puede ser guía y orientador para los hermanos/as de la Iglesia que le son confiados por el Espíritu.
El compromiso con el Señor que el/la Anciano busca y activa en sus hermanos/as de la Iglesia debe ser primero un compromiso aplicado y vivido en su propia vida. No puede ser de otra manera.
El/la Anciano debe intentar ser en carne propia ejemplo de aquel amor cristiano que trajo Jesús a nuestro mundo conflictivo y tensionado, aquel amor que se traduce en una entrega voluntaria por el otro.
El/la Anciano debe ser sensible a la dirección del Señor, a la vez debe estar atento/a al mundo en que se mueve la Iglesia y a la comunidad a la que se dirigirá la Palabra del Señor.
Su liderazgo deberá ser entonces fruto de la búsqueda de sabiduría cristiana, sabiduría que se nutre en la experiencia y en el conocimiento de la voluntad de Dios.
2-¿Es esta una tarea demasiado exigente?
La respuesta es sí y no.
Sí porque el/la Anciano sigue siendo un ser humano con sus fallas, errores, imperfecciones y con una visión limitada. Él/ella, como los demás miembros de la Iglesia sigue luchando diariamente para seguir más fielmente la voluntad del Padre y para amar mejor y más comprometidamente a sus hermanos. No porque el/la Anciano ha sido llamado por el Señor de la Iglesia y del mundo quién utilizando a varones y mujeres imperfectos realiza su misión con el poder de su Espíritu. Entonces el/la Anciano, humildemente puesto al servicio del Señor y siempre atento a sus impulsos podrá cumplir su encargo con confianza. Asimismo la Iglesia podrá seguirlo con el respeto que él merece y necesita.
El/la Anciano vela sobre sí mismo, pero también sobre el “rebaño”, la Iglesia. Digámoslo nuevamente: el ejercicio de su autoridad no es un ejercicio de superioridad sino de responsabilidad. Y la responsabilidad es justamente la de asegurar que la Iglesia local sea una verdadera Iglesia, una comunidad que sigue a Cristo.
El/la Anciano debe estar sensible, entonces, a los múltiples desafíos que se presentan, tanto los personales (enfermedad, soledad, muerte, dudas, etc.) como a los sociales (tensiones familiares, laborales, vecinales, etc.) que los/las miembros enfrentan. Estas realidades serán motivo de análisis, oración, acompañamiento y predicación.
El/la Anciano debe preocuparse por conocer la visión de su Iglesia (sus credos, confesiones y posturas frente a temas particulares) no para ser exclusivista o sectario sino para tener las herramientas bíblicas, teológicas y confesionales necesarias para asumir creativamente las necesidades de su Iglesia y de su entorno.
Finalmente el/la Anciano “pastoreará” la comunidad de la Iglesia: la llevará, la guiará, hacia la fuente de la vida, la cuidará de todo ataque o peligro. Vigilará que la Palabra sea predicada y escuchada convenientemente. Velará para que el culto, como momento importantísimo de comunión con Dios y con los hermanos que se reúnen en Su presencia, sea un momento de comunión tal que el Cuerpo de Cristo se vuelva más unido y para que el amor y compromiso de su Pueblo para con Él y con toda criatura se haga más hondo y concreto.
Se preocupará también por aquellos/as miembros que se hayan alejado de la comunidad e insistirá para que el/la creyente profundice su conocimiento sobre las verdades cristianas por medio de la Escuela Dominical, los Círculos de Oración, las clases de Catecismo para nuevos miembros, la reunión de Estudio comunitario de la Biblia, Los servicios de Adoración, etc.
Asistirá y colaborará (si no hay problemas específicos de salud, conciencia o Disciplina eclesiástica) con la administración y celebración de los sacramentos. Y para cumplir con esta tarea fielmente se preparará de manera adecuada tanto interiormente como exteriormente, es decir buscando estar ante el Señor y su congregación de la mejor manera en que pueda hacerlo.
3-¿Hay códigos, reglamentos o cánones que instruyan sobre este oficio de la Iglesia?
El Libro de Orden mencionan las características de este oficio y sus responsabilidades en G-6.0300. Les aconsejo la lectura del Libro de Orden que regula la vida de nuestra iglesia y también la lectura del Libro de Confesiones sobre el que se sostiene la creencia confesional Presbiteriana.
4-Algunos consejos útiles:
Como es sumamente necesario que el/la Anciano esté en contacto con los/as demás miembros de la Iglesia, que los/as visite convenientemente y que los/as acompañe en los momentos en que sea necesario o requerido pensamos importante que ustedes tengan en cuenta los siguientes aspectos que son importantes a la hora de acercarnos a otros/as.
ESCUCHAR Y RESPETAR: uno de los riesgos más frecuentes que nos enfrentamos en nuestras visitas consiste por un lado en hablar demasiado, más de lo aconsejado, y muchas veces hacerlo sobre nosotros mismos, nuestra vida nuestros problemas, etcétera, y no nos damos el tiempo para escuchar al otro. Es muy importante que aprendamos a valorar el silencio y la pregunta que ayude a explayarse sobre el tema o problema que estamos atendiendo. El silencio muchas veces es necesario para que la persona que este frente a nosotros se exprese. Pero guardar silencio no solamente significa estar callados sino “oir”·la palabra del otro/a (en sentido amplio). Se trata de estar muy abierto a la palabra del otro, a cada gesto, expresión, mirada, reacción. La personas muchas veces quiere decirnos algo y para ello, de manera consciente o inconsciente, utiliza más de una forma de lenguaje (corporal, verbal, etc.). Por eso debemos tratar de sintonizar lo más claramente posible esta transmisión de mensaje que se expresa por distintos canales, frecuencias y potencias. Pero cuidado, no estamos frente a una radio, estamos junto a un ser humano que necesita de nosotros, que quiere ser escuchado, respetado, aceptado y comprendido. Por esto es importante ponerse en el lugar del otro/a para comprender lo más claramente posible cuál es su dificultad. Ponernos en su lugar implica entonces que su dificultad o problema es como si fuera el nuestro. Esto implica que debemos hacerle sentir con nuestro silencio, con nuestras palabras y con nuestros gestos que lo aceptamos como es y que desde allí trataremos de ayudarlo a que se acepte plenamente a sí mismo y encuentre los caminos o las respuestas que necesita para tener una vida más plena.
AYUDAR A DISCERNIR: para una buena visita y un buen acompañamiento es necesario ser conscientes que debe existir una cierta distancia con lo que son los problemas de la otra persona, si no la mantuviéramos los problemas de ella ya no serían “como si” fueran míos sino que estaríamos demasiados involucrados afectivamente con las circunstancias al punto de limitar muchísimo las posibilidades de ayudar. Nuestra tarea consiste en crear un espacio de diálogo que ayude al hermano/a a clarificar su situación y de esa manera se estará apoyando, motivando y promoviendo -mediante preguntas y cuestionamientos compartidos- el camino y orientación que la persona necesita descubrir y comenzar a implementar. Nuestra actitud es de apoyo y reflexión, no le damos el alimento (es decir la solución) más bien la promovemos (le ayudamos a encontrarla) para que en la plena aceptación de sí mismo y de los demás procure dentro de sus posibilidades resolver su situación.
COMPROMETERNOS: en muchos casos una visita no es suficiente, comprometernos con nuestra tarea y con el otro/a es un imperativo y requiere de actitudes y gestos concretos. Es necesario la continuidad de la tarea de acompañar, ayudar a procurar los medios necesarios si esto fuera pertinente, y fundamentalmente comprometerse implica apoyar al otro/a hasta que logre valerse por sí mismo. Es como en el caso del “Buen samaritano” que no solo se pone en el lugar del caído y cuida de sus heridas, sino que también lo acompaña llevándolo en su montura, lo hospeda en un mesón, asume sus necesidades y gastos, vuelve y lo visita. No somos las “niñeras” de nuestro prójimo, simplemente lo acompañamos y apoyamos hasta que pueda valerse por sí mismo.
DESPUÉS DE LA CHARLA: es imprescindible disponer de un tiempito (solos/as, en nuestra casa) para evaluar el encuentro a fin de proyectar lo futuro. ¿Cuáles fueron las motivaciones del encuentro? ¿qué problemas percibimos? ¿qué se nos quiso comunicar? ¿cómo es y que características tiene la persona? ¿alguna de ellas les ayudan o perjudican para solucionar el problema? ¿cómo se relaciona con los que la rodean y cómo le afectan los hechos de la realidad en la que vive?
También es conveniente preguntarse por la dinámica de la “entrevista”, sobre nuestra disposición o no, sobre los sentimientos de uno mismo, sobre el rol de la Iglesia u otra institución respecto a esa persona en problemas, etc.
Y es esencial que siempre mantengamos la confidencialidad de lo conversado, así como también la más que necesaria comunicación constante con el Pastor de la Iglesia.
Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra “Diáconos/isas... Sus Responsabilidades”
Para tener una clara descripción de tus deberes y responsabilidades lee antes que nada el Libro de Orden contenido en esta Carpeta ya que allí están formuladas las principales responsabilidades del cargo.
El presente aporte complementa los descripto en nuestro Libro de Orden e intenta, más que nada, describir algunas de las responsabilidades específicas que la Junta de Diáconos tiene en nuestra congregación de Levittown en cumplimiento de su oficio que según las Sagradas Escrituras es uno de compasión, testimonio y servicio, siguiendo el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo.
Quienes sean electos para esta hermosa tarea de ser diáconos/isas serán personas de carácter espiritual, de honesta reputación, vidas ejemplares, amor fraternal, cálida simpatía y sano juicio.
El primer deber y responsabilidad de los diáconos/isas es ministrar a las personas necesitadas, a las enfermas, a las desamparadas o a cualquiera que esté en necesidad.
Sus tareas, como la de toda la iglesia esta bajo la jurisdicción, supervisión y autoridad del Consistorio siendo el pastor miembro ex oficio y consejero de la junta.
Se espera que los Diáconos/isas puedan atender a las siguientes responsabilidades:
· Cumplir con lo establecido en el Libro de Orden.
· Hacer un plan de visitas, llevar un registro de las mismas y realizarlas siempre en comunicación con el pastor a las personas que la necesiten (leer “Algunos consejos útiles” en el material destinado a los ancianos) [Es bueno definir el hecho de que las visitas del pastor, de los ancianos/as y de los/as diáconos tienen características diferentes. Las de los diáconos tienen como objetivo primordial el acompañar a aquellas personas enfermas o en necesidades específicas para hacerles saber del amor del Señor para sus vidas. No es función de la visita de los/as Diáconos responder o entrar a considera problemas relacionados a interpretaciones o situaciones que tenga la persona visitada temas de responsabilidad de los/as Ancianos o el pastor. Si se detectan problemas de ésta índole que surgen en la conversación su responsabilidad es dejarle saber al visitado/a que no está dentro de sus funciones entrar en esos temas, y tambien es su responsabilidad luego de la visita comunicar la situación a los/as ancianos y el pastor para que ellos puedan darle el acompañamiento que la persona necesita para resolver sus preocupaciones, críticas o problemas. · Recibir a los hermanos que se acercan al templo y en el caso de visitantes orientarlos sobre todo lo que crean necesario y estar pendientes de que tengan a su disposición himnarios, cancioneros, etc. Invitarán a los/as visitantes a llenar los datos de la tarjeta que para tal fin está preparada.
· Distribuir los programas y encargarse de cambiar los paños del Altar de acuerdo al calendario litúrgico. Para dicha tarea confeccionarán un listado de los/as responsables de dichas tareas.
· Contar la asistencia a todos los Servicios realizados y registrarlos en el calendario destinado para dicha tarea.
· Preparar la mesa de la Comunión dada vez que se realice el Sacramento de la Santa Cena. Preferiblemente se hará antes del horario de la Escuela Bíblica.
· Recoger las ofrendas. Para esta tarea se seleccionará a dos miembros de la Junta, Diáconos/isas pasivas u otras personas de la congregación cualificadas para realizar esta tarea. Dichas personas vestidas adecuadamente recogerán las ofrendas en el momento del servicio destinado para el ofertorio. Una de las dos personas asignadas realizará la oración de dedicación de las ofrendas.
· Contar las ofrendas, esta tarea será realizada siempre por tres miembros activos de la Junta de acuerdo a los procedimientos establecidos por el Tesorero y Consistorio para dicha tarea. Durante el conteo de las ofrendas no se dejará a ningún hermano/a solo con las ofrendas, así mismo no se cambiará dinero durante dicha tarea.
· Reunirse ordinariamente una vez por mes, y extraordinariamente cada vez que sea necesario, o que sea convocadas por el Pastor o el Consistorio. Durante las reuniones se tomarán actas y estas serán compartidas con el consistorio regularmente.
· Realizara regularmente un informe de los ingresos y egresos de la Junta que acompañado por los comprobantes pertinentes serán presentados al Consistorio.
Todas estas tareas se harán para la sóla gloria de Dios y en acuerdo con el Consistorio de la Iglesia y los ordenamientos especificados en el Libro de Orden.
Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra |



