| Los Sueños de Dios |
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| Escrito por Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin |
| Viernes 30 de Enero de 2009 02:13 |
Dicen que los sueños tienen que ver con el equilibrio de las personas. Pero a mí muchas veces me ha parecido curioso el hecho de que las personas tendemos a no ser equilibrados sino extremistas.Y esto es curioso, porque precisamente el equilibrio interior, personal, emocional, espiritual, es una de las condiciones del ser más buscadas por las personas que quieren vivir en armonía y plenitud.Génesis 28. 10-19; Romanos 4: 16- 5: 5; Mateo 13: 31-35 Dicen que los sueños tienen que ver con el equilibrio de las personas. Pero a mí muchas veces me ha parecido curioso el hecho de que las personas tendemos a no ser equilibrados sino extremistas. Y esto es curioso, porque precisamente el equilibrio interior, personal, emocional, espiritual, es una de las condiciones del ser más buscadas por las personas que quieren vivir en armonía y plenitud. Un ejemplo sencillo del extremismo del género humano tiene que ver con la marcada dicotomía que algunas personas plantean respecto al lugar donde están situados sus pies y donde se enfoca su mirada. En no pocas oportunidades he presenciado acaloradas discusiones, y hasta duros enfrentamientos, entre personas que divergían profundamente en cuanto a si nuestras esperanzas y compromisos tenían que ver más con el cielo, o con la tierra. Unos planteaban que no somos ciudadanos de este mundo y que debemos diferenciarnos radicalmente de la realidad terrenal; que nuestros pensamientos y nuestra visión debe estar siempre fijada únicamente en la realidad trascendente de Dios. Otros en cambio planteaban que sólo estaremos respondiendo fielmente al llamado de Dios si le contestamos con compromiso, testimonio y servicio concreto en este mundo; decían que el cristiano/a tiene que tener los pies bien puestos en la tierra a imitación de nuestro Señor Jesucristo.. En realidad - obviamente - las dos posturas contienen una gran dosis de pertinencia y ambas también poseen grandes posibilidades de guiarnos a error (generalmente esta es una máxima cuando hay dos puntos antagónicos: los dos contienen verdad y los dos contienen error) El punto riesgoso de ambas posturas radica en el lugar donde ponemos nuestra mirada y nuestros pies.... tener nuestra visión puesta en lo trascendente y perder de vista que es en el mundo en donde Jesús nos llama a poner nuestros pies para servirle... esto es algo así como vivir con los pies en las nubes. Pero también por el contrario, tener la mirada centrada únicamente en la realidad tangible y dejar de mirar a Dios... pues esto es tener nuestros pies atados a nuestra propia muerte. Creo que en ésta, como en otras temáticas, lo real es que vivimos en una tensión entre lo de más acá y lo de más allá, entre lo que ya es y lo que todavía no, entre lo que vemos y lo que esperamos (esto es precisamente lo que se denomina la tensión escatológica) Hermanas y hermanos, yo les decía más arriba que lo que tenemos que buscar siempre es el equilibrio para la vida que nos posibilite acceder a una existencia armónica, plena, duradera y que esté comprometida plenamente con los planes de Dios para la salvación de la humanidad. Quizás a esto mismo se refiere la promesa de vida plena y abundante que Dios nos ha regalado a sus hijos e hijas. Quería contarles que los psicólogos -en relación a la salud mental- y los cristianos - en relación a la salud espiritual e integral del ser humano que busca el equilibrio vital que Dios quiere para cada uno- .... ambos hablan de que existe un nexo entre la realidad presente y la trascendente. Nosotros sabemos que para poder estar sanos una de las cosas quizás más importantes es no perder la capacidad de "soñar" (soñar lo entenderemos no en el sentido de hacernos fantasías o creencias sin base en la realidad, sino precisamente todo lo contrario. Soñar es la capacidad de involucrarnos en proyectos y realidades que hoy sólo podemos percibir parcialmente pero que sabemos en Dios que se concretarán plenamente día a día hasta el fin de los tiempos). Dicen quienes saben que si una persona fuera privada de la posibilidad de soñar en poco tiempo enloquecería, ya que el sueño en términos psicológicos tiene que ver con los mecanismos que nos permiten elaborar nuestros más grandes deseos y también dominar nuestros más profundos temores. Por esto, y partiendo de los textos que hemos compartido yo quiero invitarles hoy a que pensemos en la necesidad que hoy tenemos de soñar, pero bien despiertos y con plena conciencia lo que podríamos llamar "los sueños de Dios" para su pueblo. Creo que esto es un imperativo evangélico especialmente en un tiempo que los sociólogos y otros estudiosos definen como el tiempo del fin de los sueños y de las utopías. Utopía es una palabrita que tiene que ver con realidad futuras o trascendentes que hoy sólo podemos percibir muy parcialmente, pero también conlleva la idea de realidades que si bien no están a nuestro alcance igualmente nos movilizan a comprometernos rumbo a horizontes novedosos. Las utopías son algo así como los grandes sueños de la humanidad... pero una de las cosas más significativas de esta palabra es que lleva la palabra topos=tierra, es decir que estos sueños siempre tienen una raíz en nuestra realidad. Si nosotros releemos con sensibilidad los textos que hoy compartimos creo que podremos percibir que todos ellos hablan de un gran "sueño" (no una fantasía) que Dios nos está invitando a soñar y a construir. El gran sueño de Dios es un sueño hermoso, trascendente, pleno y a la vez bien concreto. Es el gran sueño de la vida de los hijos e hijas de Dios que se movilizan confiadamente en torno a la Promesa del Padre. El texto del Génesis es evidentemente el más explícito en este sentido, nos muestra a Dios rebelándose por medio de un sueño y movilizando a Jacob a despertar a la vida para seguir soñando con algo bien cierto: Dios estará siempre a su lado, lo guiará y lo colmará de bendición. Dios invita a soñar y a caminar por los senderos del Reino que ya ha comenzado y viene. Es interesante ver que Jacob después de oír a Dios ya no es más el mismo hombre...él es ahora un ser humano que ha despertado a una nueva dimensión de la realidad. La única dimensión de la realidad que está llena de vida y libre de los engaños de las fantasías. Jacob es un hombre que abre bien sus ojos y mira el futuro con ojos de esperanza, mediatizando todo a la luz del gran sueño: el de ser un protagonista más del pueblo de la Promesa; el de ser partícipe activo de una realidad transformadora hacia la que Dios lo invita a caminar. Hermanas y hermanos, nosotros también somos llamados a ser protagonistas de la historia de la salvación, y además Dios tiene un gran sueño para nosotros. El sueño de la humanidad reunida bajo Su amparo y amor inagotables. El sueño de un mundo en el que no haya más lágrimas, ni dolor ni muerte. Una nueva realidad en que el ser humano goza de la vida plena involucrándose activamente -y con protagonismo- en la concreción de los sueños de Dios para el mundo. Soñar los sueños de Dios es entonces vivir en justicia, en armonía, en paz, en solidaridad y con un profundo compromiso con el Señor y su Evangelio de vida. Creo que tiempo de aniversario, y en tiempo en el que el mundo se debate entre guerra y paz, nosotros debemos recuperar la capacidad de soñar y de involucrarnos con los grandes y reales sueños que Dios nos invita a tener. Un ser humano sin sueños enloquece y pierde el sentido de la vida... un cristiano, o una iglesia sin sueños: va por el mismo camino!! Hermanas y hermanos, en Cristo los invito: Soñemos!! Soñemos los sueños de Dios. Hagámoslo bien despiertos y a la vez llenos de esperanza y seguridad. Ya que tener esperanza es precisamente esperar activamente esa realidad que hoy no podemos ver más que parcialmente, pero que sabemos que ya ha sido inaugurada, iniciada y revelada por medio de Cristo. La iglesia de Cristo hoy debe proclamar más que nunca que somos una comunidad con sueños y con esperanza... esperanza bien concreta, esperanza que no es ilusión pasajera... porque los sueños de Dios no quedan en el mundo de la fantasía o la ilusión, ni fuera de la realidad; sus sueños se encarnan en nuestra historia y en nuestros corazones, y por el testimonio y el servicio de cada cristiano que es guiado por el Espíritu de Dios estos sueños se hacen bien concretos, visibles y posibles en este tiempo y lugar. Si nos comprometemos más y más con los planes y proyectos de Dios sin dudas que esto traerá sus frutos y cada vez estará más cerca la realidad nueva del Reino que Dios nos ha asegurado. Esta es la dinámica del Reino de Dios, es como un pequeño sueño puesto en nuestras vidas y que en la medida que lo cultivamos va creciendo más y más hasta que un día toda la realidad que conocemos será transformada total y completamente. Esto es así y lo que comenzó siendo como una pequeña semilla de mostaza fue creciendo hasta hacerse árbol, esa fe que al principio fue la de unos pocos soñadores que creyeron en los planes de Dios revelados en Cristo para vida abundante del Pueblo... Espero en Dios que esta Iglesia quiera seguir soñando hoy y siempre los sueños de Dios y que todos y cada uno se comprometan con el sueño de un solo cuerpo cuya cabeza es Cristo, el sueño de una iglesia grande, fiel, comprometida, servicial, solidaria, donde impere el amor a Dios y al prójimo este es el sueño de un gran Pueblo, de una nación santa que se deja guiar por los caminos del Soberano y unico Dios, el generador de todo sueño de amor y vida abundante para todos/as. Dios nos invita a soñar realidades nuevas!!! Dios nos invita a despertar de todas las pesadillas de este tiempo y a ser sólidos y coherentes, y a comprometernos con sus planes eternos. El genera los sueños de esperanza y vida y nos llama a comprometernos con su Reino mediante el servicio en la Iglesia. |
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