| La Autoridad en la Predicación |
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| Escrito por Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin |
| Domingo 01 de Febrero de 2009 12:18 |
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Mantener el crecimiento es un desafío. No crecer es detenernos y no podemos darnos ese lujo porque estamos al servicio de un Dios que no se ha detenido en su tarea darnos vida plena y auxilio de toda situación. Dios no se ha detenido en la tarea de cuidarnos, de protegernos, de bendecirnos. No se ha detenido en viejas fórmulas ni en anquilosados ritualismos. Nosotros tampoco podemos detenernos, no podemos estancarnos, tenemos la visión de que con Cristo a nuestro lado tenemos que seguir creciendo La Autoridad de la Predicación Deuteronomio 18:15-20 Marcos 1:21-28
Los que dicen saber de crecimiento empresarial afirman que la prueba más dura para muchos no es alcanzar una importante meta… sino saber qué hacer después que ya la han alcanzado.
Llegar a la meta no es fácil, pero se logra: con esfuerzo, tesón, perseverancia, buena visión. Pero, mantener lo obtenido, eso si es un desafío. Es como cuando uno logra perder peso, ¡Cuán fácil luego vuelven las libritas/kilitos! Lo obtenido se pierde rápidamente si no se mantiene y se afirma lo que se ha alcanzado.
En la iglesia pasa lo mismo. De hecho nuestra iglesia, por la gracia de Dios ha logrado mucho en estos años de duro trabajo y de metas de crecimiento. Hemos logrado mucho desarrollo en estructura, no tanto como el que soñamos, pero si mucho. Hemos consolidado un presupuesto que nos permite trabajar, aunque debemos hacerlo crecer para avanzar. Tenemos un templo amplio, con bellos bancos en madera, aire acondicionado, espacio cómodo para la adoración, lugares apropiados para el compartir. Tenemos linda gente que se ha sumado a la obra, gente que nos visita y se integra a la familia de la fe. Hermanos y hermanas comprometidas con la evangelización, maestros y líderes consagrados. Personas expertas en servir, en estar pendientes de los detalles. Hemos crecido mucho. Y cada crecimiento nos lo dio el Señor y es para su sola gloria y honor.
Pero… Mantener el crecimiento es un desafío. No crecer es detenernos y no podemos darnos ese lujo porque estamos al servicio de un Dios que no se ha detenido en su tarea darnos vida plena y auxilio de toda situación. Dios no se ha detenido en la tarea de cuidarnos, de protegernos, de bendecirnos. No se ha detenido en viejas fórmulas ni en anquilosados ritualismos.
Nosotros tampoco podemos detenernos, no podemos estancarnos, tenemos la visión de que con Cristo a nuestro lado tenemos que seguir creciendo. Por eso el lema para este año en nuestra iglesias es la Oración de Jabes registrada en el libro de Crónicas capítulo 4: Oh, si me dieras bendición, si ensancharas mi territorio, si tu mano estuviera conmigo para que no me dañe…. Y Dios le concedió lo que había pedido.
Por eso el desafío que les propongo en el nombre del Señor es poner manos a la obra y llenar la iglesia de una vez. Porque ser iglesia implica crecer, Dios quiere que crezcamos y nosotros tenemos todo lo necesario para lograrlo. Porque crecer implica mantener los cimientos claros, y también los nuevos desafíos claros. Y nosotros estamos claros, porque ¿dónde encontraremos más claridad que en la Palabra de Dios?
Pero no se trata de crecer por crecer, ni de crecer al costo de la infidelidad o de un evangelio acomodaticio y light. Por eso me gustan los textos que el leccionario trae para hoy, porque se centralizan en uno de los pilares que definen la iglesia: su base en la palabra. Los textos de hoy, más que en la lectura de la Palabra se centran en la proclamación y en la enseñanza de la palabra.
Nuestra iglesia es fiel a la Palabra. La palabra predicada y enseñada en esta iglesia es una palabra viva, clara, eficaz, entendible y aplicable. Es una palabra viva que desafía y mueve. La palabra es esencial para que continúe el crecimiento personal de cada uno de nosotros(as) y de la iglesia.
La palabra es el motor, es el combustible del creyente. Pero no es una palabra en abstracto sino una palabra en acción, una palabra hecha carne en el testimonio cristiano.
Por eso debemos apreciar y aprovechar las oportunidades de bendición que nos brinda Dios por medio de los servicios de adoración, estudios bíblicos y escuela bíblica. ¿Cómo crecer si no aprendemos, cómo crecer si no cambiamos, cómo crecer sin conocer y profundizar en el manual de instrucciones para la vida que es la Palabra?
Por eso hoy el mensaje nos cuenta de un pueblo reunido en torno a la Palabra y nos muestra a Jesús que realiza un ministerio dirigido hacia los quebrantados de corazón, los que no ven, el inicio de un ministerio a los cautivos que comienza con la proclamación de la palabra profética de Isaías y con la enseñanza de esa palabra y que hoy nos muestra como con la palabra libera, cambia, moviliza. Y tal es su acción liberadora que inicia en su palabra que la gente se pregunta: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? Esa es la palabra en acción, la palabra encarnada, la misma palabra que se dirigía al pueblo de Dios en sus inicios al poner en medio de ellos profeta. Profeta al que hay que oír profeta al que hay que oír. Pero la palabra es lo central, y Dios es claro…
15 Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;(A) El profeta no es uno más pero es uno de los demás. El profeta es un hombre del pueblo, levantado por Dios para un propósito especial: comunicar el mensaje de Dios. Y su “autoridad” si pudiésemos hablar en esos términos no está en si mismo sino que nace del llamado recibido y de la palabra que proclama.
16 conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera. 17 Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho. 18 Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Aquí está la clave. PONDRÉ MIS PALABRAS EN SU BOCA Y ÉL LES HABLARA 19 Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.(B) 20 El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.
Prestar atención a la Palabra es lo que más insiste el relato. Comparemos a aquel pueblo numeroso con nosotros, si al leer, estudiar y proclamar el mensaje no prestamos atención ¿verdad que podemos salir de acá igual que como entramos? ¿si escuchamos al pastor pero cuando se leía la palabra estábamos hablando con el del lado, verdad que vamos a estar desentendidos de lo que Dios dice?
Oír la palabra con atención es vital para la persona y la iglesia que desean responder con esmero al Señor. Cuando prestamos atención a Dios El espíritu del Señor está también con nosotros. Y está en medio nuestro y llena nuestras vidas con un propósito claro y entendible, con una finalidad: los demás. Los sufridos, los empobrecidos, los quebrantados, los tristes, los que el pecado no les permite ser libres. Pero eso si, también hay una alerta al portador de la palabra: nuestra fidelidad y servicio está en función de lo que Dios dice y lo que Dios quiere, NUNCA en función nuestra o de nuestros intereses mezquinos.
Si nos aferramos a las enseñanzas bíblicas, creceremos como personas. Carácter, visión, perseverancia, entrega a la manera de Cristo y así podremos llevar luz a los demás. DEBEMOS CUMPLIR NUESTRA MISIÓN de ser PROCLAMADORES NO SOLO OIDORES DE LA PALABRA.
SI ASÍ LO HACEMOS CRECEREMOS , PORQUE EL PUEBLO SE HACER GRANDE AL REUNIRSE EN TORNO A LA PALABRA. El Pueblo crece cuando trae a otros.as a la palabra.
Creceremos como iglesia, en proyectos, en impacto, en pertinencia, en vocaciones, en trabajo cooperativo.
Creceremos como sociedad porque aquí habrá un remanso en el cual alimentarse y seguir para adelante
Y esta es una tarea de todos… la palabra relata en el libro de Nehemías que Nehemías fue un hombre valiente que luego de la cautividad del pueblo de Israel ayudó al pueblo a reconstruir los muros de Jerusalén en tiempo record. Lo que otros no lograron en años el en 52 días lo logró. El ánimo del pueblo cambio de tristeza e inseguridad a valor y alegría en 52 días de esmerado trabajo. Pero eso es otra historia, lo cierto es una vez fortificada la ciudad, dice la palabra: algo muy didáctico que muestra la importancia de la Palabra y del rol que todos tenemos como difusores del Evangelio.
Nehemias 8:1-10; 1y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. 2Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. 3Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. 4Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento. 6Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra. 7Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. 8Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura. 9Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. 10Luego les dijo: Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza
La palabra del Señor es nuestra fuerza. |



