| Cuando Decidir Duele |
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| Escrito por Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin |
| Domingo 15 de Marzo de 2009 11:52 |
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Jesús:
Cuando decidir duele. Rvdo. Jorge D. Zijlstra Arduin CAURESMA 2009 Éxodo 20:1-1 Juan 2:13-22 Cuando vemos a Jesucristo entrando en el templo de Jerusalén, centro religioso del pueblo hebreo, podemos sentir cuánto le duele lo que ve y podemos entender también cuánto le costará la decisión que acaba de tomar en aquel momento en que tomó el látigo en sus manos para poner las cosas en su lugar. Ver gente negociando con la fe del pueblo y haciendo comercio injusto con la ofrenda que se requería para perdón de pecados es una aberración a la cual no puede menos que oponerse, pero la gente convivía con eso sin hacer nunca nada. Ver como se negocia con las cosas de la fe -como dijo Michelle Obama en relación a otro tema: eso duele. La venta de bueyes, ovejas y palomas, que se le vendían a los ricos, a los clase media y a los pobres era un comercio que le dejaba buen dinero al templo; casi tanto como el que le dejaban los cambistas mencionados en el texto. Como el dinero del imperio era considerado impuro había que comprar moneda especial para poder adquirir las ofrendas y en ese cambio de una moneda a otra, también se abusaba de la gente la cual siempre perdía. Él pueblo estaba buscando -genuinamente- acercarse a Dios y el sistema le ponía varios precios y peajes diferentes para responder a su necesidad. Ese era el poder y la gloria del templo, centrados en el poseer y en el acaparar. Eso duele. A Jesús le duele. Pero ¿piensan que sacar un látigo, voltear las mesas, echar a los vendedores y cambistas del templo y polemizar con los judíos diciendo que el templo podía ser destruido y vuelto a levantar en 3 días es un acto de cólera, no medido, fuera de plan, del que no se conocen las consecuencias? ¿Piensan que Jesús no sabe lo que le traerá elegir los caminos del Padre y enfrentarse con cualquiera que se oponga a su Plan? ¿Piensas que a Jesús no le costó humillar su lado humano y personal, aquel lado que fue tentado en el desierto? ¿Piensas que para Jesús no hubiera sido más fácil mantenerse en lo que a él más le convenía y por tanto mantener todo bajo control? Jesús en aquel día mostró que para seguir en fidelidad los caminos de Dios no hay que mirar las consecuencias. Hay que buscar el reino de Dios y su justicia y dejar que lo demás venga en añadidura, aún cuando -en principio- haya que pagar un alto precio por la fidelidad. Jesús:
Por eso hoy reflexionamos sobre el tema de cuando decidir duele, o cuesta o implica una entrega o una renuncia. Yo pensaba en las dos decisiones más difíciles que debí tomar en mi vida, de una se cumplen este mes 10 años. Dejar la tierra, la familia, las seguridades, las posesiones para seguir la llamada de Dios: no fue tarea fácil. Decidir dolió, hubo que asumir riesgos, hubo que derramar lágrimas.... Pero generalmente cuando decidir duele, cuando decidir implica acatar la voz de Dios: más allá de la nube de hoy hay un sol radiante de luz que espera brillar sobre nosotros y sobre quienes nos rodean. Decidir duele cuando renunciamos a los planes personales para poner primero los de Dios. La otra decisión que me dolió mucho tuvo que ver con el hecho de que a veces para obedecer a Dios y actuar en la ética que él requiere con nosotros y en la valoración más alta de la vida: tenemos que pasar por la experiencia de muerte como aprendizaje de que decidir duele y duele mucho cuando tenemos que desprendernos de lo que tenemos, de lo que amamos, de lo que es tan valioso. Debemos entregarle el poder a Dios porque nosotros no tenemos el poder de decidir sobre lo que es de Dios. No podemos decidir sobre la vida del otro, no podemos decidir cuando Dios nos da o cuando Dios quita. Y aceptar esa realidad duele. Pero de nuevo: aunque hoy duela sabemos que Dios está en control. Y aunque hoy perdamos: mañana Él suplirá, proveerá, multiplicará al ciento por uno. Esa es nuestra fe y nuestra esperanza. No dejo Dios en la humillación a Jesús, no dejó a Job en su sufrir. Dios no desampara a quien se le entrega por completo... Por esto también nosotros debemos tomar una decisión que duele: cuando oímos su Dios tenemos que cargar la cruz, negarnos a nosotros mismos y seguirles. Debemos seguir el ejemplo de Cristo y Humillar lo personal y lo humano en fidelidad al Reino de Dios y a su justicia. Poner siempre primero las cosas de Dios Debemos renunciar a la apetencia de poseer y al deseo de que todo esté bajo nuestro control. Debemos darle el control a él y nosotros entregarnos a su servicio. Allí está nuestra paz. Y debemos también renunciar al poder que tengamos o el que quisiéramos tener para que sea Su Poder el que se muestre a través de nosotros. Nada nos libera de nosotros mismos más que Cristo quien nos invita a esa actitud. Quien nos libera para una vida plena y llena de sentido es Dios: yo te saqué de Egipto de casa de servidumbre Él y solamente él es quien nos salva. Y lo hace para que construyamos una relacionarnos monógama/ exclusiva con Él. No tendrás otros dioses ni adorarás imágenes, porque Dios es un Dios fuerte y celoso. Que aborrece a quienes se apartan de sus caminos, y les castiga por las generaciones. Pero a quienes le aman: sus misericordias para con nosotros son inagotables, por millares, incalculables Humillar lo personal, renunciar a poseer y desprendernos del poder es tomar el nombre del Señor en serio. No hacerlo sería tomar el nombre del Señor en vano. Dios espera coherencia de nosotros. Pero también espera constancia, por eso nos dice te acordarás ¡semanalmente, periódicamente, por lo menos una vez en semana! de adorar al Señor, porque Él te creó y creó todo lo que existe. Por eso santificaras tu tiempo, le llenarás de sentido y de valor. Serás coherente, constante y sabio con tu vida. Y ¿cómo lo harás? Santificarás el nombre de Dios humillando el orgullo personal. 12 Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da. Santificarás el nombre de Dios desprendiéndote del poder y respetando la vida de los demás: No matarás. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. Santificarás el nombre de Dios renunciando a poseer, es decir desprendiéndote, pero más aún Santificarás el nombre de Dios no deseando lo que hay del otro lado de tu verja, lo del hermano o la hermana: No cometerás adulterio. Y.. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. Santificarás el nombre de Dios quitando todas esas cosas y no haciendo de la casa de Dios y de la adoración algo que funcione igual que el resto de las cosas. EL Templo donde nos congregamos y la iglesia que formamos no puede ser ni actuar igual que el mundo. Los cristianos/as no podemos ser uno más del montón: Si santificamos el nombre de Dios nos diferenciamos del mundo: No comerciamos como comercia el mundo, no nos herimos como hieren el mundo, no nos atacamos como en el mundo ataca, no amamos como ama el mundo. Amamos al mundo como Dios le ama, Amo tanto Dios al mundo que entregó a su hijo único, para que todo aquel que en ÉL creyera no se pierda más tenga la vida eterna. Santificamos el nombre de Dios cuando el celo por sus cosas nos permite Humillar lo personal, renunciar a poseer y desprendernos del poder aunque duela. Para que la gloria del Cristo resucitado brille en nosotros y también nosotros podamos creerle a Él y comprender la riqueza que hay en las escrituras hagamos nuestra parte, hagamos el esfuerzo creámosle y sirvámosle hasta que duela. A veces decidir duele hay que cambiar, hay que dejar cosas atrás, hay que modificar la agenda: pero mejor es que pasemos ese dolor, ese esfuerzo ese sacrificio, esa entrega: que entregarnos a las cosas que no son de Dios. No hay mayor valor que dar la vida por los planes del Señor.
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