| Vivir CON paz |
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| Escrito por Rvdo. Jorge Daniel Zijlstra Arduin |
| Jueves 29 de Abril de 2010 18:09 |
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Hoy hay muchas personas que se encuentran, dentro y fuera de las iglesias, encerrados y encerradas en situaciones que les quitan la paz y que no les permiten vivir la alegría de la vida plena que da el Cristo Resucitado. Muchas personas están trancadas en dolores, pensamientos o actitudes que les impiden vivir con paz (hacia el final hay algunos deafíos de cómo vivir con paz en medio de las tendencias de pesudo teologías de la prosperidad)
Juan 20:19-31 El texto del evangelio que hoy leemos nos cuenta de una de las múltiples apariciones de Jesús en medio de sus seguidores. Bien dice Juan al concluir su escrito, que Jesús no sólo realizó esta aparición. Fueron muchas las señales milagrosas que Jesucristo realizó en medio de sus discípulos, tantas que ni siquiera todas quedaron inscritas en los evangelios. Pero aquellas experiencias que Juan trasmitió, el mismo dice que las incluyó en su libro con un propósito claro: que los que escuchan el relato puedan creen que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que -al creer en su nombre- tengan vida eterna. ¿Cree usted verdaderamente en Jesucristo? ¿Cree realmente que él es el camino para vivir, de tal modo, que la vida obedezca a los planes y a la voluntad de DIOS? ¿Cree completamente? Es decir: ¿su creencia le mueve a la entrega a los caminos de Dios? Si miramos con atención el texto bíblico de esta mañana veremos que a una semana de acontecida la resurrección los discípulos están reunidos. Esto suena bien, porque no se han dispersado a pesar de las dificultades y de alguna manera, aunque aún no logran creer en la resurrección, al menos se fortalecen, o se conduelen mutuamente. Pero hay que ver bien cuál es el objetivo de la reunión para ver si su lógica es de vida o es de muerte; y veremos que los discípulos estaban reunidos, pero para ser creyente no alcanza sólo con eso, hay que reunirse, pero más aún hay que creer. El evangelio dice que ellos están reunidos a puertas cerradas. Están encerrados, atrapados, limitados por ellos mismos, bajo el dominio del miedo de correr la misma suerte que su Maestro. Están encerrados, es decir dentro de una habitación, detrás de una puerta que ellos mismos han cerrado. Y es en ese contexto que Jesús Resucitado se aparece en medio de ellos/as les da la paz, les renueva la misión y les da el Espíritu Santo. Hoy hay muchas personas que se encuentran, dentro y fuera de las iglesias, encerrados y encerradas en situaciones que les quitan la paz y que no les permiten vivir la alegría de la vida plena que da el Cristo Resucitado. Muchas personas están trancadas en dolores, pensamientos o actitudes que les impiden vivir con paz. Fíjense que dije vivir con paz, no vivir en paz. No se trata de vivir de una manera casi estática, mirando pasar los días y las horas sin hacer nada. Vivir con paz es vivir en el espíritu de Cristo, movilizados por su presencia, por su acción y por su presencia en medio de los desafíos, logros y dificultades que a diario somos llamados a afrontar con paz. La puerta cerrada de muchas maneras describe a las personas que no pueden vivir con paz. No se puede vivir con paz cuando la tristeza domina todos los pensamientos, no se puede vivir con paz cuando lo que domina el ánimo y la vida de las personas es contrario a los deseos de Dios. No se puede vivir con paz cuando se es dominado por el coraje, cuando no se ha podido perdonar, cuando historias viejas siguen pintando oscuro el presente, cuando no se logra trascender las dificultades, cuando se sigue siempre dando vueltas en torno a las mismas maneras, o los mismos sentimientos. No se puede vivir con paz cuando no logramos cambiar y experimentar que cada día, las obras y las misericordias de Dios se renuevan y por tanto podemos hacer el camino de la vida renovados por su espíritu y cumpliendo con los más altos propósitos de Dios para la vida de las personas y de la iglesia. Discípulos reunidos es un sinónimo de la iglesia. Iglesia de hecho significa etimológicamente, precisamente eso: comunidad reunida. Pero no reunida para encerrarse, sino para abrirse. Para abrirse a las nuevas realidades que Cristo presenta cada día a sus seguidores. En ese contexto de encierro, Jesús se aparece a los discípulos y les da la paz. La paz sea con ustedes les dice: una, dos y tres veces en el texto. La paz sea con ustedes. Será esta una promesa -o ya una realidad- en nuestras vidas? Necesitamos nosotros también que Jesús nos de su paz? Recuerden no es paz para no hacer nada, sino paz para afrontar la vida y la misión que Dios tiene para sus seguidores. La paz sea con ustedes... ¿por qué Jesús les da la paz tres veces? Hace un tiempo en un estudio bíblico les decía a los hermanos y las hermanas que la paz no es simplemente aquello que está contrario a la guerra, como muchas veces pensamos. Es más la paz puede ser más que un bien buscado para trascender los conflictos, una actitud que nos permite trascenderlos. La paz, más que contraria a la guerra, es contraria a los temores. Los discípulos estaban reunidos, a puertas cerradas, por temor a los judíos, dice el texto bíblico. El temor es contrario a la paz para la vida. Muchas veces he visto a la iglesia y a personas que se den o no cuenta están encerradas en temores que no les permiten crecer. En la iglesia hay temor al qué dirán, temor a decir que si, temor a ir más allá de lo que se está acostumbrado, temor a la consagración, temor al compromiso, temor a una actitud positiva, temor a no lograr hacer algo, o temor a que los resultados no sean los esperados. Temor a hacer las cosas de forma nueva, temor a dedicarnos a que las cosas del Señor y para el Señor sean de la más alta calidad. Temor a compartir con otros el mensaje, temor a invitar a alguien a la iglesia, temor a pedir un consejo, temor a aceptar una llamada de atención. Temor a que se ofenda, temor a que no le guste, temor a que las cosas comiencen a ser distintas... Todos estos temores, y muchos otros temores ponen a la iglesia en el terreno de la incredulidad, del no creer. Por lo contrario a la paz es el temor y cuando hay temor no hay fe. O si quiere decirlo al revés cuando no hay fe, no hay paz y no hay paz. Es interesante la dinámica de los temores, porque muchos viven dominados por el temor casi eternamente. Pero otros y otras tienen una increíble manera de vivir como si no tuvieran temor. Temores expresados o no, se van transformando en temores a los que nos vamos acostumbrando y por tanto y por tanto vivimos relativamente en paz, aun cuando el temor está ahí guardadito. ¿Cuántos aquí esta mañana le tienen miedo a las cucarachas o a los ratones? ¿No es verdad que con mantener el veneno, la fumigación y las trampas más o menos en condiciones podemos vivir en relativa paz? No es que el temor se vaya, sino que nos basta con alejar el motivo del miedo y entonces seguimos funcionando relativamente normal. En las cosas de la fe muchas veces hacemos lo mismo, preferimos funcionar que vivir, preferimos estar en el terreno de lo seguro... pero a la primera aparición de un ratón o una cucaracha todos huimos despavoridos... ¡No entiendo pastor!, puede decir. Lo que estoy queriendo graficar lo siguiente: Dios nos ha dado la paz para que vivamos la misión, pero muchas veces nosotros preferimos seguir viviendo la falsa paz que surge de pensar que todo está en orden. Nos quedamos en el terreno de lo seguro, en lugar de salir a afrontar los desafíos y la vida en el nombre de Cristo para que su nombre, sus hechos, su acción , su actuación y su poder puedan ser conocidos y celebrados por otros y otras. Nos estamos envenenando a nosotros mismos -en términos de nuestra vida de de fe- y esto es en términos "espirituales" un suicidio. Se nos olvida que Jesús dijo la paz sea con ustedes, les dio su espíritu y completó su bendición sobre los seguidores y seguidoras diciendo: como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. Andar en el espíritu de Cristo es vivir como el vivió, consagrados y comprometidos a extender su reino en nuestro tiempo. Andar con paz en medio de los conflictos, temores y situaciones, con el espíritu de Cristo es andar los días sanando, compartiendo, estimulando, convirtiendo. Esa es la paz, la paz que surge de la presencia de Cristo y de nuestro involucramiento en la misión. Hace varias semanas, más precisamente desde el Domingo de Ramos he conversado con varias personas a punto de perder la paz por la nueva presencia en medio nuestro de una iglesia, o pseudo iglesia, que Dios me perdone si me equivoco, pero creo que se trata de una iglesia de prosperidad. Y creo que las iglesias que distorsionan el mensaje quedándose solo en el tema de la prosperidad y sacándole provecho económico a eso, no son iglesias de muchos valor y no durarán mucho. Creo que las iglesias que buscan lucrarse, son en realidad una aberración a los ojos de Dios y una distorsión del evangelio de Jesucristo, píntense como quieran pintarse. Pero muchos han perdido la paz por esta presencia, y en parte entiendo y comparto el sentimiento de molestia porque no solo porque aparentemente se trata de una iglesia de prosperidad, con pastores que ni han estudiado y que se se separaron de una iglesia Bautista de Dorado. Sino que además son un grupo de personas, numeroso, pero no muy desarrolladas en ir más allá de los intereses particulares de sus miembros, lo que se evidencia en sus prácticas de malos "buenos vecinos" o hermanos, nos tapan la entrada, nos estacionan en las aceras...y especialmente vienen a quitarnos la paz y la tranquilidad. Muchos hermanos están bastante molestos por eso. Pero me pregunto dos cosas, desde el texto bíblico de hoy. No será que lo que nos causa su presencia es más que nada temor, enojo y hasta coraje porque ellos en un par de años han juntado cientos de personas y ahora los tenemos ahí adelante, casi enfrente como echándonos en cara nuestro limitado crecimiento? No está su presencia quitándonos la paz porque de alguna manera su aparente desarrollo y activismo evidencia, pone a la luz, tantas de nuestras limitaciones? Por qué las iglesias casi falsa, distorsionadas crecen y nosotros aquí haciendo las cosas bien crecemos lentamente, o muchas veces decrecemos? La fe es contraria al temor y al miedo. Vivir con paz es el llamado de Cristo, vivir cumpliendo la misión a la que fuimos llamados es la manera de no perder la calma. Así como el Padre nos envío asi los envío yo a ustedes. La fe es convencimiento y es acción. En este sentido creo que Dios nos está planteando un desafío, no un desafío de competencias ni de luchas, sino están contra nosotros que sigan su camino y que vivan en paz. Pero nosotros cumpliremos con nuestra misión. La verdad que es triste que tantas personas se vayan tras el mensaje aguado y dulce de un Dios negociante que te bendice según tu ofrenda. Pero más triste es encontrar discípulos encerrados, limitados, acorralados y sin darse cuenta que la llave de la puerta está en sus manos. Ellos también pueden moverse, salir, hacer la misión... la llave está en nuestras manos, pero si no la usamos... otros se llevarán la cosecha. Lobos disfrazados de ovejas, puede ser... Pero Jesús nos dice: como el Padre me envió, así yo los envío...con poder, con propósito, con misión, con su presencia. Qué tal si traemos más personas a que conozcan a Cristo y salimos del ámbito conocido de nuestro propios temores. ¿No se cansa ustedes de vivir todos los días igual, como si Cristo no hiciera nada nuevo? La resurrección acontece cuando usted comienza a experimentar a Cristo en el diario, en el trabajo, en el día a día. Y en su presencia hay transformación, vida y alegría. A mi honestamente me aburre hacer cosas por costumbre, o a medias, el otro día estuvimos en una actividad y nadie se preocupó porque todo estuviera en orden, cuando se trató de traer el devocional todos jugaban a la papa caliente a quien le toca, a mí, a tí, no mejor al otro. El Evangelio es más que eso, es un privilegio, pero también es una misión. Si no servimos al evangelio, si no nos sentimos privilegiados y motivados a seguir a Dios con nuestro compromiso, entonces estamos encerrados por temor, sin paz y sin Cristo. No se puede seguir viviendo, actuando y haciendo como si nada nuevo pasara, porque Dios hace todas las cosas nuevas, a los incrédulos transforma en creyentes y a los atemorizados en testigos. No transformarnos a nosotros en activos promotores de Cristo, es como fumigar para mantener lejos las cucarachas. Mejor ponerse en el espíritu de Cristo y salir a hacer nuestra misión, ser hermano de cada vecino, ser servidor de cada compañero y ser promotor de Cristo y de su iglesia ante toda criatura. Y poner la actitud de Cristo, la del convencimiento, la humildad, el amor y la fortaleza de creer en uno que es Superior, que nos orienta, nos desafía y espera nuestra acción. A su nombre Gloria. Ahí está la paz. |



